miércoles, 2 de marzo de 2011

Casi 8 de cada 10 euros de las familias españolas están invertidos en vivienda

el 77% del ahorro de las familias españolas está en la vivienda y sólo el 23% en activos financieros, según un informe de la fundación de estudios financieros. pese a la crisis inmobiliaria, el interés de los inversores por el sector ha ido en aumento
patrimonio financiero e inmobiliario de las familias españolas (1997 y estimaciones 2010)


en los últimos 13 años la exposición a la vivienda ha escalado desde el 71%, mientras que a activos financieros se ha reducido. la fundación de estudios financieros estima que españa necesita recursos internos para reducir su dependencia exterior y las familias pueden proporcionarlos con un ahorro que será clave para la economía en los próximos años
además, el organismo en su estudio “ahorro familiar en espana” considera que las familias españolas tienen que diversificar más y mejorar sus ahorros para reducir el peso que tiene la vivienda en su patrimonio. “resulta urgente introducir transparencia y mejorar la eficiencia y la liquidez del mercado inmobiliario para que los hogares dispongan de todos los elementos necesarios para la conformación de sus decisiones de inversión” añade
el acto de presentación del informe fue clausurado por josé manuel campa, secretario de estado de economía, y señaló la necesidad de que el porcentaje de exposición al “ladrillo” disminuya, “lo que requiere una reforma fundamental: la de la fiscalidad”

martes, 15 de febrero de 2011

SINIESTRO TOTAL ... BAILARE SOBRE TU TUMBA

SINIESTRO TOTAL ...IRREPETIBLES

EL PROBLEMA DEL VALOR CUANTITATIVO

El primer paso

En cualquier sociedad el trabajo se ha de aplicar a la producción  y los productos se han de distribuir entre los miembros de la sociedad pero depende del momento histórico el modo de organizar y llevar a cabo la producción y distribución de los bienes. Según Marx hay una correspondencia entre ambas proporciones, la del cambio y la del tiempo de trabajo de modo que si para producir una determinada mercancía se requiere un tiempo equis de trabajo y para la producción de otra se exige el mismo tiempo, ello conllevará que el cambio se produzca una por una.

Por otra parte, hay que precisar:
El significado del concepto trabajo socialmente necesario que es “el que se requiere para producir un artículo en las condiciones normales de la producción y con el grado medio de habilidad e intensidad comunes en un momento dado” y ese trabajo es el que se toma en cuenta en la determinación del valor de una mercancía, de manera que si para la producción de una mercancía y debido a la incompetencia, inhabilidad o pereza del trabajador es necesario emplear un tiempo mayor para su producción no por ello el valor de esa mercancía será mayor.
Que el trabajo cualificado tiene una mayor capacidad de producir valor que el trabajo “simple”, lo que no implica que la relación entre ambas trabajos venga determinada por los valores de los productos que uno y otro trabajo producen, siendo posible medir la relación entre ambos tipos de trabajo con independencia de los valores de mercado de los productos que cada uno genera. Pero ¿por qué hablamos de un trabajo cualificado?, ¿a que se debe que el trabajador sea calificado? Puede deberse a una habilidad natural o a un debido entrenamiento.

Cómo influyen habilidad y entrenamiento es otra cosa y no siempre se manifiesta de una forma abierta y evidente.

El papel de la competencia
En una sociedad de producción simple de mercancías, la oferta y la demanda estarán equilibradas sólo cuando el precio de cada mercancía sea proporcional al tiempo que se necesita para producirla y de forma inversa los precios serán proporcionales cuando la oferta y la demanda puedan trabajar libremente.

El papel de la demanda
Una acusación que con frecuencia se hace a Marx es la de descuidar o ignorar el papel de la demanda, esto es, las necesidades y deseos de los consumidores. Y ¿qué razones le mueven a actuar de ese modo?
Parte de que la demanda del mercado está dominada por la distribución del ingreso y de que los problemas del valor se deben abordar por la vía de las relaciones de producción y no por la vía de las valoraciones subjetivas de los consumidores.
Parte de que las necesidades de los consumidores son un reflejo del desarrollo técnico y organizacional de la sociedad y no viceversa.

En su opinión, priman la producción y la distribución del ingreso sobre las opciones de los consumidores.
“Ley del valor” vs. “Principio de planeación”
La “ley del valor” según Marx es “la que regula, a) las proporciones del cambio de mercancías, b) la cantidad producida de cada una, y c) la asignación de la fuerza de trabajo a las diferentes ramas de la producción”, siendo la condición básica para la existencia de una ley del valor “una sociedad de productores privados que satisfagan sus necesidades por el cambio entre ellos”.

Sweezy, por su lado, entiende la ley del valor como una teoría de equilibrio general desarrollada con referencia a la producción simple de mercancías que se adapta después al capitalismo.

En una sociedad socialista el lugar de la ley del valor lo ocupa el principio opuesto, el de la planeación.

El valor y el precio de producción
El precio, para Marx, es la expresión monetaria del valor y su análisis corresponde a la teoría del dinero. Según los críticos de Marx, la teoría del precio de producción contradice la teoría del valor cuando no sólo eso no es cierto sino que se basa en ella.

Precio de monopolio
El funcionamiento de la ley del valor se ve dificultada cuando se introducen elementos de monopolio. El precio de monopolio es “un precio determinado sólo por el anhelo de adquirir de los compradores y por su solvencia, independientemente del precio, que es determinado por el precio de producción general y por el valor del producto”. En situaciones de monopolio lo más destacable es 1) que “las discrepancias entre el precio de monopolio y el valor no están sometidas a reglas generales mientras que si ocurre con las discrepancias entre el precio de producción y el valor” y 2) que las relaciones de valor cuantitativo se ven perturbadas mientras que no ocurre otro tanto con las de valor cualitativo.


una introducción a Paul Sweezy


Sociedad: número de individuos entre los cuales existen ciertas relaciones y la ciencia que se encarga de su estudio son las ciencias sociales.
Pero no todas las ramas que abarca esta ciencia son ciencias sociales, por ejemplo, aunque la economía política es generalmente una ciencia social que estudia las relaciones sociales de la producción y distribución, cabe preguntarse si todos los economistas lo ven del mismo modo. Esta definición parece ser propia de una ciencia de la conducta humana en general, por ello produce resultados que son adecuados a todas las formas de la sociedad. Siguiendo con Marx, diremos que su preocupación principal era la sociedad en su conjunto y del proceso del cambio social. Por otra parte, la relación económica principal es la que existe entre capitalistas y obreros, y esta relación debe ser el centro de la investigación para ser sometida, posteriormente, al más concienzudo análisis. Y dos, que la relación capital-trabajo debe reducirse a su forma o formas más importantes. Así, llegamos a la clave de la economía política de Marx. El resto del volumen se dedica a la relación capital-trabajo en sus formas aisladas y purificadas.
   El carácter histórico del pensamiento de Marx
Según Lukacs, el método de Marx “es en su profunda esencia histórico”. El proceso del cambio social es más bien el producto de la acción humana.
El problema del valor cualitativo:
1.  Introducción
         Marx, en el capitulo de “Las mercancías”, de su libro El Capital, estudia la relación económica de cambio y analiza la producción simple de mercancías. Así, la producción de mercancías es la forma universal e inevitable de la vida económica; la ciencia económica es la ciencia de la producción de mercancías. Las tareas de la economía política no son solo cuantitativas, sino también cualitativas.
2. Valor de uso
Según Marx, todas las mercancías tienen un doble aspecto, el de valor de uso y el de cambio.
Sin embargo, se excluye el valor de uso de la esfera de investigación de la economía política ya que no da cuerpo a una relación social.
3. Valor de cambio
Con el valor de cambio, las mercancías exhiben su característica única, como es la calidad.
El valor de cambio aparece como una relación cuantitativa entre cosas, pero ¿en qué sentido ha de ser concebido como una relación social y como una materia adecuada a la investigación del economista? Marx dice que el valor de cambio es una forma exterior de la relación social entre los propietarios de mercancías. Para Marx, una mercancía es un simple valor y como valor, se distingue por dos características, una es la división del trabajo desarrollada y la otra es la producción privada.
4.     Trabajo y valor
Marx considera el trabajo como el “valor que yace oculto detrás” del valor de cambio. Sin embargo, el trabajo también tiene dos aspectos, el valor de uso y el valor de la mercancía que produce.
Cuando hacemos de un producto un valor de uso, lo llamaremos “trabajo útil”.
El valor de una mercancía representa trabajo humano abstracto, así lo que el valor de uso es al valor en el caso de la mercancía, el trabajo útil es al trabajo abstracto en el caso de la actividad productiva.
5.     Trabajo abstracto
Para Marx, en el trabajo abstracto se pasan por alto todas las características especiales que distinguen una clase de trabajo de otra, es decir, “trabajo abstracto” es lo común a toda actividad humana productiva.
La sociedad capitalista se caracteriza por un grado de movilidad del trabajo mucho mayor que en cualquier forma anterior de la sociedad.
Tanto la significación básica como las tareas principales de la teoría del valor cuantitativo son determinadas por el análisis cualitativo. La tarea central de la teoría del valor cuantitativo surge de la definición el valor como magnitud.
Los dos conceptos, “trabajo socialmente necesario” y “trabajo simple”, que han estado al frente de casi todos los ataques a la economía política de Marx, pertenecen al aspecto cuantitativo de la teoría del valor.
Las características de la producción de mercancías y su conexión con las doctrinas afines de la ley natural y el automatismo social, son brillantemente esclarecidas por la teoría del Fetichismo de Marx.
La forma de producción de mercancías constituye el velo más eficaz posible para ocultar el verdadero carácter de clase de la sociedad capitalista.

jueves, 13 de enero de 2011

los españoles son, junto a los eslovenos y letones, los más descontentos de la unión europea con el papel de su gobierno durante la crisis económica. según una encuesta de la comisión europea, el 86% de los españoles cree que el gobierno no ha actuado de forma eficaz y sólo un 10% considera que ha respondido de forma adecuada a las turbulencias
el 74% de los ciudadanos europeos desaprueba la gestión de sus respectivos  gobiernos nacionales, aunque las diferencias por países son significativas. suecia, luxemburgo y alemania son los países que mejor han respondido a la crisis, según sus habitantes, donde sólo tienen opinión negativa de la gestión el 17%, 26%  y 30% de los ciudadanos, respectivamente
en el otro lado de la balanza están grecia e irlanda, donde el 83% de sus ciudadanos desaprueban la gestión de su ejecutivo. el 58% de los españoles temen que lo peor de la crisis aún no ha llegado, frente al 42% de los europeos

martes, 14 de diciembre de 2010

Galicia ya tiene más pensionistas y parados que trabajadores activos

Por primera vez en los últimos diez años, Galicia tiene ya más pensionistas y parados que trabajadores en activo. Los cifras de noviembre indican que en la comunidad hay en total 1.005.776 hombres y mujeres asalariados o autónomos que cotizan a la Seguridad Social.
En éste momento lo que pagan ya no sería suficiente para garantizarse sus pensiones y, además, aportar ayudas para los 231.721 parados, y las pensiones o prestaciones sociales de un total de 786.225 personas que perciben estas rentas del Estado.

La comunidad vive muy alejada de la media nacional. Por cada cien trabajadores activos en España, hay 69,9 parados o pensionistas. En Galicia trabajan cien para pagar a 101,2 receptores de alguna prestación.
En realidad, Cantabria, Extremadura y Castilla León están al borde de la misma situación. En éstas el número de dependientes ronda el 95% del volumen de trabajadores. Y entre el 85 y el 90% figuran también zonas como Andalucía, Valencia o Baleares.
Por otro lado, Madrid y Cataluña son las regiones más equilibradas. En la primera, por cada cien trabajadores en activo cobran subsidios 56 personas, mientras que los catalanes soportan poco más de 58.
Suma y sigue...

lunes, 29 de noviembre de 2010

Reseña de "Desde la Galería de la Muerte" de Mumia Abu-Jamal

Reseña de "Desde la Galería de la Muerte" de Mumia Abu-Jamal
"No me habléis de las sombras de la muerte. Yo vivo allí"

Jaime Bergamin Leighton
EncontrArte


La frase, como sentencia bíblica, estalla desde el Prefacio para preparar al lector que deberá enfrentarse a 182 páginas donde el horror, la humillación, la impotencia, la tortura psicológica y, a menudo, física, son la constante en un sistema penitenciario utilizado como arma de aniquilamiento en esa nación que se autoproclama "la gran democracia del Norte", Estados Unidos.

rente a un libro de esta naturaleza, el estilo, la sintáxis, la prosa, pierden relevancia arrolladas por los hechos, la anécdota se vuelve protagonista y no hay espacio para la metáfora. Aun así el autor maneja un estilo pulido, preciso y a la vez contundente (los racistas dirán que es mérito del traductor), en una sucesión de hechos que abruman a la vez que atrapan a un lector que quiere seguir leyendo montado en un largo escalofrío, como en las buenas novelas de terror.

Setenta y ocho hombres y yo pasamos veintidós horas al día en celdas de dos por tres metros.

El autor de la dos frases en cursiva que citamos se llama, por decisión propia, Mumia Abu-Jamal, nacido Wesley Cook el 24 de abril de 1954 en Filadelfia, USA, periodista y activista político negro acusado del asesi-nato de un policía y, desde 1982, sentenciado a muerte, lo que, simples matemáticas, significa 28 años en la lla-mada, sin eufemismo alguno, "La galería de la muerte".

Muchas prisiones operan bajo el sistema 22+2, es decir, 22 horas encerrados en nuestras celdas y 2 horas de patio, fuera de ellas. El recreo consiste en ser encerrados en una jaula rodeada de alambre de púas de doble filo, lo que denominamos "la jaula de los perros".

Pero el sadismo no termina allí. Cuando llueve, los guardias adoptan una actitud sarcástica y amenazadora: -Vengan, tíos, adentro. Sabéis que no podemos dejaros fuera mientras truena y relampaguea- La respuesta de los prisioneros no tarda en llegar: -Deben temer que si nos electrocutamos por un rayo se queden sin trabajo y sin paga- Doloroso sarcasmo. El caso de Mumia Abu-Jamal, "depositado en el Pabellón de la Muerte" (según la acertada expresión de Ernesto Villegas en brillante Prólogo), se ha convertido en emblema y causa, especialmente entre la izquierda política, el movimiento anti-globalización, los activistas anti-pena de muerte, movimientos y entidades que monitorean y abogan por las libertades civiles, así como en el movimiento nacionalista negro. Salvar a Mumia de la pena de muerte es una causa popular entre personas y organizaciones, las cuales insisten en su inocencia.

Todas las galerías de la muerte cumplen un objetivo central: "ser un almacén de seres humanos" en un mundo "austero" en el cual a los prisioneros se les trata como cuerpos que deben mantenerse vivos hasta ser ejecutados. M.A-J.

Cabe señalar que en junio de 1999, un asesino a sueldo llamado Arnold Beverly confesó que fue él, contratado por la policía y la mafia, quien realizó los disparos que acabaron con la vida del policía y por los cuales está encarcelado Mumia Abu Jamal. Sus abogados presentaron esta confesión para que se revisara la acusación y se modificara el veredicto. No se le ha hecho gran caso.

En este libro, Abu-Jamal realiza un recorrido por los sistemas de ejecución puestos en práctica por la "justicia" norteamericana, desde el espeluznante caso de un condenado a la silla eléctrica que no terminaba de morirse, a pesar de las sucesivas descargas, hasta los casos no menos terribles de los condenados que se niegan a apelar la sentencia y solicitan ser ejecutados, lo antes posible, como única manera de escapar de ese infierno.

En el primer párrafo hablamos de aniquilamiento. No es casual. Mucho menos exagerado si pensa-mos que la minoría negra está mayoritariamente representada en los penales norteamericanos superando porcentualmente al resto de las etnias. Cabe recordar la manera como se aniquiló al mo-vimiento de las Panteras Negras en la era Nixon: "...busquen sus prontuarios policiales, no hay un solo negro en Estados Unidos que no haya estado preso al menos una vez" fue la orden. Y así fue.

Analizando el panorama que se nos ofrece a nivel planetario, las cada vez más cruentas guerras en que la, hasta hace poco, única gran potencia está involucrada (es decir, todas), la situación de crisis financiera en un mundo gobernado por los banqueros y el lobby del Pentágono, las "visitas" que el FBI hace en su propio territorio a los activistas de derechos humanos, defensores del planeta y opositores a las guerras, ciudadanos de a pié que reclaman sus viviendas arrebatadas por la usura, podemos decir que este libro revela solo uno más de los más sórdidos aspectos de esa "democracia" cuyas elites han logrado entronizar y, sin recato alguno por el plagio al flamante premio Nóbel de Literatura (y furioso defensor de la "pax americana"), declarar que estamos ante "la dictadura perfecta"

Nadie -ni un policía ni un guardia- puede encontrar una sola mentira en "Desde la galería de la muerte"; en realidad, es precisamente por eso que no quieren que leas este libro. M.A-J.

"Desde la Galería de la Muerte" de Mumia Abu-Jamal Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Colección Cultura corazón adentro De venta en las Librerías del Sur

Fuente: http://encontrarte.aporrea.org/criticon/libros/139/a17745.html

jueves, 25 de noviembre de 2010

Una visión deformada de la guerra

Los peligros del periodismo "empotrado"
Una visión deformada de la guerra


Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


El periodismo empotrado se ganó una mala reputación en Irán y Afganistán. La frase llegó a evocar una imagen del corresponsal supuestamente independiente que se somete a mentores militares que le entregan información cuidadosamente dosificada de un optimismo absurdo sobre el desarrollo de la guerra. Para muchos, el periodista empotrado es un retorno grotesco al reportaje al estilo de la Primera Guerra Mundial, cuando la horrenda carnicería en las trincheras era presentada como una serie de progresos sabiamente planificados por los generales británicos.

Muchas afirmaciones contra el sistema de “empotrar” periodistas, sobre todo con los militares estadounidenses o británicos, son injustas. Acompañar a los ejércitos en el terreno es usualmente la única manera de descubrir lo que están haciendo o piensan que están haciendo. Tampoco existe una alternativa obvia para que los corresponsales operen actualmente. Ya que al-Qaida y los talibanes consideran que los periodistas extranjeros son rehenes potenciales, es imposible circular por Iraq o Afganistán sin correr extremo peligro.

No fue siempre así. Cuando comencé a escribir artículos en Irlanda del Norte a comienzos de los años setenta, era probablemente más seguro ser periodista que cualquier otra cosa. Solía bromear que los recién formados grupos paramilitares nombraban un encargado de prensa antes de comprar un fusil. Pocos años después, en el Líbano, las milicias daban cartas a los periodistas permitiendo que pasáramos con seguridad a través de sus puntos de control. Los libaneses son un pueblo que lee periódicos y yo solía distribuir periódicos locales como un gesto amistoso a milicianos aburridos en turno de guardia. Pero también fue en el Líbano donde desde 1984 grupos respaldados por Irán comenzaron a secuestrar periodistas como manera efectiva de presionar a gobiernos y publicitar la causa de los secuestradores.

En estas circunstancias, la dependencia excesiva del “empotrado” como método primordial de juntar información podrá ser inevitable, pero produce un cuadro sesgado de los eventos. Los periodistas no pueden evitar que reflejen en cierto grado el punto de vista de los soldados que acompañan. El hecho mismo de que están con un ejército de ocupación significa que el periodista está limitado a un segmento pequeño y atípico del campo de batalla político-militar.

El “empotramiento” también limita la ubicación y el movimiento. Iraq y Afganistán son esencialmente guerras de guerrilla. Y el comandante de guerrilla exitoso evitará combatir a la principal fuerza del enemigo y en vez de eso atacará en el lugar donde su oponente es débil o carece por completo de tropas. Esto significa que puede suceder que el corresponsal empotrado con las unidades militares estadounidenses o británicas se pierda o malinterprete etapas cruciales del conflicto.

Gran parte de las informaciones en los medios británicos y estadounidenses en Afganistán desde 2006 han tenido que ver con escaramuzas en baluartes talibanes como las provincias Helmand y Kandahar en el sur del país. Los problemas son reducidos frecuentemente a cuestiones casi técnicas o tácticas sobre cómo hacer frente a bombas al borde de la ruta o a la falta de equipo. Hasta hace poco, hubo pocas informaciones o explicaciones del motivo por el cual los talibanes han podido extender su control hasta los suburbios de Kabul.

A finales de 2001, en los días siguientes a la derrota de los talibanes, logré conducir de Kabul a Kandahar sin oír un solo tiro. El año pasado no me pude mover sin riesgo más allá de la última comisaría del sur de la capital. A unos kilómetros, por el camino a Kandahar, patrullas de talibanes en motocicleta estaban estableciendo bloqueos de ruta temporales y controlando a todos los que pasaban.

Este año es peor. Los talibanes tratan, con bastante éxito, de contrarrestar la ofensiva aliada en el sur extendiendo su control en el norte de Afganistán, tomando el control de gran parte de las provincias Kunduz y Baghlan y cortando las rutas de aprovisionamiento de la OTAN a Tayikistán y Uzbekistán.

Justo antes de la guerra de 2001, viajé por las montañas del Hindu Kush desde el norte de Kabul a través de la provincia Badakhshan en el noreste de Afganistán a Tayikistán. El viaje duró cuatro días pero no hubo talibanes, aunque todavía controlaban gran parte del resto de Afganistán. Hoy no podría hacer el mismo viaje porque incluso en Badakhshan, predominantemente tayika y supuestamente antitalibán, los insurgentes comienzan a hacer avances.

Un peligro del “empotramiento” es que coloca a los periodistas en el sitio equivocado en el momento equivocado. En noviembre de 2004, marines estadounidenses invadieron la ciudad de Faluya al oeste de Bagdad, que había sido capturada por insurgentes. Las tropas fueron acompañadas por casi todos los miembros del cuerpo de prensa de Bagdad, que corrían considerable riesgo personal. Sus informes y fotos de la batalla fueron convincentes y el resultado fue una indudable victoria para EE.UU.

Pero los informes sobre el éxito estadounidenses fueron engañosos porque los insurgentes habían utilizado la concentración de fuerzas de EE.UU. alrededor de Faluya para lanzar su propio ataque contra la ciudad mucho mayor de Mosul, en el norte de Iraq, que capturaron brevemente. El ejército y la policía huyeron, 30 comisarías fueron ocupadas, y armas por un valor de 40 millones de dólares fueron capturadas por los insurgentes. Considerando que Mosul es, por su tamaño, la tercera ciudad de Iraq, fue un sorprendente revés para las fuerzas dirigidas por EE.UU., pero pasó virtualmente sin mencionarse ya que no había tropas estadounidenses presentes y por lo tanto tampoco había periodistas empotrados.

Hay una desventaja más sutil del “empotramiento”: lleva a los periodistas a ver los conflictos en Iraq y Afganistán sobre todo en términos militares, mientras que los eventos más importantes son políticos o, si son militares, pueden tener poco que ver con fuerzas extranjeras. Se ha convertido en un artículo de fe entre muchos en EE.UU. que los militares estadounidenses terminaron por ganar la guerra en Iraq en 2007-2008 porque adoptaron un nuevo conjunto de tácticas y enviaron 30.000 soldados adicionales en lo que se conoció como “oleada”. Las bajas de las tropas de EE.UU. bajaron a cero y las de los iraquíes cayeron de sus anteriores niveles horrendos. Esta explicación fue profundamente satisfactoria para la autoconfianza nacional estadounidense y rescató la reputación del ejército de EE.UU. En los meses antes de la elección presidencial de 2008, fue imposible que un político estadounidense sugiriera que la “oleada” no había tenido éxito sin provocar acusaciones de falta de patriotismo.

Sin embargo, los acontecimientos que terminaron con lo peor de los combates en Iraq tuvieron en su mayor parte poco que ver con EE.UU., que sólo fue uno de los protagonistas en una batalla compleja. Los ataques contra los militares estadounidenses provenían casi por entero de insurgentes árabes suníes, pero en 2007 los suníes estaban siendo derrotados en gran medida por las fuerzas de seguridad y milicias predominantemente chiíes y ya no podían permitirse seguir combatiendo también a los estadounidenses. Al-Qaida había ido demasiado lejos al tratar de controlar a toda la comunidad suní. Los suníes eran expulsados de Bagdad, que ahora es una ciudad con una abrumadora mayoría chií. Ante el peligro de aniquilación de su comunidad, los insurgentes suníes cambiaron de lado y se aliaron con los estadounidenses. En este contexto EE.UU. tuvo la posibilidad de enviar pequeños grupos de soldados a áreas suníes que desesperaban por encontrar defensores contra escuadrones de la muerte chiíes y comandantes de al-Qaida que exigían que enviaran a sus hijos a la lucha.

Pero ese tipo de tácticas no puede reproducirse en Afganistán, donde las condiciones son muy diferentes. A pesar de todo, hasta hace unos meses se había convertido en la sabiduría aceptada de las páginas de opinión y de los presentadores de televisión estadounidenses que el ejército de EE.UU. había encontrado una fórmula de uso general para la victoria en sus guerras posteriores al 11 de septiembre. El autor de la victoria, el actual comandante estadounidense en Afganistán, general David Petraeus, se convirtió en el oficial militar más popular, prestigioso e inconmovible de EE.UU. El que las tácticas de la ‘oleada’ no hayan dado resultados en el sur de Afganistán hasta la fecha ha comenzado a debilitar esa fe en la nueva estrategia, pero la política estadounidense y británica sigue basada en la ‘oleada’: fuerzas extranjeras apoyadas por tropas afganas obtendrán el control en el terreno; lo retendrán e impedirán que vuelvan los talibanes; y luego, finalmente, entregarán el poder a los soldados y policías afganos y a los funcionarios enviados por Kabul.

Es poco probable que llegue a suceder de esa manera algún día. Como en Iraq, las acciones militares sobre el terreno en Afganistán no tienen mucho sentido si se separan del acontecer político. La corrupción del gobierno afgano es tristemente célebre y los gobernantes están considerados por la mayoría de los afganos como una colección de mafiosos. Todos los informes en los medios sobre acciones de pequeñas unidades cuyo objetivo final es imponer la autoridad de Kabul en el sur de Afganistán tienen poco sentido, ya que el gobierno es tan débil que apenas existe. En casi un 80% del país el Estado no existe.

“La realidad de la guerra en Afganistán”, me dijo un diplomático, “que nunca es revelada por el periodismo empotrado, es que un 60% de los soldados del gobierno afgano enviados a Helmand o Kandahar desertan lo antes posible. Son mayormente tayikos aterrorizados ante la idea de ser enviados al sur pastún. Los sacan de los campos de entrenamiento, los colocan en autobuses y echan el cerrojo a las puertas antes de decirles a qué lugar los envían.” Pero son esos mismos soldados aterrados, que a menudo ni siquiera hablan el lenguaje de la gente del lugar, los que constituyen el núcleo del plan de la OTAN para la victoria en Afganistán.

Vale la pena preguntar hasta qué punto se ha informado bien sobre las guerras de Iraq y Afganistán. ¿Podría obtener el lector o televidente medio una idea aproximada de lo que ha estado sucediendo en ambos países durante los últimos ocho años?

Es fácil informar sobre las guerras, pero es difícil hacerlo bien. Las guerras provocan tales pasiones que los editores y los principales productores en las centrales frecuentemente dejan de reflejar el sano escepticismo del periodista. Presentan ideas demasiado simplificadas sobre el tema de la historia, sea “victoria lograda con esfuerzo” o “parálisis sangrienta”. Televidentes y lectores esperan que el conflicto contenga drama y piensan que saben cómo es. Las primeras fotos de las guerras de Afganistán en 2001 y de Iraq en 2003 estaban dominadas por instantáneas de grandes llamaradas provenientes de misiles que estallaban en Bagdad y Kabul.

Pero ese melodrama era engañoso, ocultaba lo que había sucedido en realidad. El factor más importante de esas dos guerras fue que apenas tuvieron lugar en su primera etapa de guerra convencional. Los combatientes talibanes desaparecieron hacia sus aldeas o cruzaron la frontera hacia Pakistán. En Iraq la mayoría de las unidades de elite mimadas por Sadam Hussein se disolvieron y se fueron a casa lo antes posible.

Fue muy difícil informar sobre todo esto a las redacciones en aquel entonces. Las organizaciones noticiosas se preparan para la guerra y se sienten desilusionadas cuando se les dice que no pasa gran cosa. Yo seguí a los talibanes en retirada de Kabul a Kandahar en el año 2001 y vi pocos combates a lo largo de la ruta. En una ciudad importante como Ghazni había media docena de talibanes muertos, en su mayoría en tiroteos por la propiedad de coches del gobierno. En Iraq, 18 meses después, había numerosos tanques quemados del ejército iraquí en las carreteras pero, al mirar al interior, habían sido casi todos abandonados antes de que fueran destruidos por ataques aéreos.

Los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña sacaron precisamente las conclusiones equivocadas del hecho que los talibanes y el ejército iraquí no hayan combatido. En ambos casos, se había advertido al presidente Bush y a Tony Blair de que se estaban metiendo en un cenagal y en su lugar parecía que habían logrado victorias fáciles. Creyeron, de manera arrogante, que controlaban los acontecimientos mientras que en realidad no fueron otra cosa que protagonistas poderosos que deberían haber prestado atención a la manera en que los afganos, iraquíes, iraníes, sirios y paquistaníes estaban reaccionando ante sus acciones. Su ceguera es fácil de criticar en retrospectiva, pero entonces en aquel momento el sentido de omnipotencia estadounidense fue compartido por la mayor parte de los medios de EE.UU.

En un aspecto consideré que fue más fácil informar sobre Iraq que sobre la guerra afgana. En Gran Bretaña la división fue tan profunda sobre la guerra que desde el comienzo hubo numerosos escépticos dispuestos a creer que el gobierno les estaba mintiendo y que el proyecto iba por mal camino. Los corresponsales estadounidenses tuvieron una tarea más difícil porque sus salas de redacción todavía estaban preocupadas de que no las considerasen poco patrióticas hasta bien avanzado el año 2005. Tres años después, los corresponsales estadounidenses en el terreno se sentían frecuentemente desanimados al ver que autoproclamados expertos en Iraq afirmaban firmemente en sus propios canales de televisión o periódicos que la “oleada” era una memorable victoria. Los iraquíes seguían muriendo por cientos, pero en cuanto los militares de EE.UU. dejaron de sufrir bajas, gran parte de la televisión estadounidense dejó de informar sobre Iraq.

La guerra de Iraq puede haber sido la despedida de los medios estadounidenses, porque muchos de ellos se han reducido o han cerrado en los últimos años. Los medios británicos nunca han invertido suficientes recursos en ninguna de las dos guerras como para cubrirlas de modo adecuado. La BBC fue la única compañía de televisión que mantuvo una oficina permanente en Bagdad. La mayoría de los periódicos cubrieron de vez en cuando el conflicto. Fue en parte porque la información sobre las guerras es siempre muy costosa y, especialmente en Iraq y Afganistán, por la necesidad de pagar a compañías de seguridad, En algunos casos éstas se dieron cuenta de que su tarea era posibilitar que los corresponsales obtuvieran la información con el menor peligro posible, pero otras se comportaron como si fueran funcionarios de prisiones en su determinación por garantizar la seguridad de los corresponsales. Recuerdo que Robert Fisk y yo recibimos un mensaje de texto de un distinguido y valeroso corresponsal británico en otra parte de Bagdad que lamentaba no poder encontrarse con nosotros en nuestro hotel porque su jefe de seguridad había decidido que el almuerzo propuesto no era “una necesidad operativa”.

Los peligros inevitables en la cobertura de Iraq tuvieron otro efecto. Gran parte de la mejor cobertura había sido hecha por periodistas experimentados que conocían Iraq desde antes de 2004. Después de eso se hizo muy difícil que jóvenes corresponsales llegaran a tener alguna especie de “curva de aprendizaje” porque cualquiera que quisiera “aprender de sus errores” en Iraq no iba a vivir mucho tiempo. A mitad de camino durante la guerra de Iraq, un jefe de oficina se quejó diciendo: “El único sitio relativamente seguro para poder enviar a jóvenes periodistas, que no han estado antes en Iraq, es como ‘empotrados’, pero entonces se tragan todo lo que el ejército les dice e informan como si fuera un hecho”. La mejor información durante el clímax de la matanza sectaria en Iraq en 2006-2007 fue en The New York Times, que simplemente resolvió el dilema contratando a corresponsales experimentados y bien reputados de otros periódicos. A pesar de todo, a pesar de los riesgos, siempre fue posible informar sobre Iraq y Afganistán desde fuera del regazo de los militares, como lo demostró gente extraordinariamente valerosa como Ghaith Abdul-Ahad y Nir Rosen, quienes arriesgaron sus vidas mezclándose con insurgentes y milicianos.

Yo solía recibir una cierta cantidad de aplausos inmerecidos en festivales del libro cuando me presentaban como un cronista “que nunca ha estado empotrado”, como si me hubiera abstenido de vicios antinaturales. “Empotrarse” evidentemente lleva al sesgo, pero muchos periodistas son suficientemente listos para descubrir la propaganda militar y sus pensamientos ilusorios y no divulgarla en su totalidad. Saben que es poco probable que aldeanos afganos, entrevistados frente a la policía afgana o a soldados estadounidenses, digan lo que realmente piensan sobre los unos o los otros. Sin embargo, es posible que el efecto más dañino del “empotramiento” sea suavizar la brutalidad de toda ocupación militar y minimizar la reacción hostil de la gente del lugar. Sobre todo, el hecho mismo de que un corresponsal esté con un ejército de ocupación da la impresión de que los conflictos en Iraq y Afganistán, países que han sufrido 30 años de crisis y guerra, pueden resolverse por la fuerza.

Patrick Cockburn es autor de Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq.

Fuente: http://www.counterpunch.org/cockburn11232010.html

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cando me falan de España, sempre teño unha disputa, que se España é miña nai, eu son un fillo de puta

Poco conocido, aunque nunca buscó serlo. Ha puesto voz y música a la poesía gallega, ha llenado de vida ésa literatura olvidada por tantos y, desconocida aún por muchos más. Suso Vaamonde ha sido intransigente en la defensa del pueblo gallego, de su lengua y su cultura.
Él se convirtió en la voz de un pueblo humillado y oprimido, la voz de la reivindicación, de la protesta. Allí dónde sonaba su música había un gesto de solidaridad con la miseria de la clase trabajadora, una denuncia social para reivindicar al pueblo explotado, las promesas incumplidas, el caciquismo…

La emigración, la opresión política, la pobreza o la falta de libertad en versos de Bernardino Graña, Méndez Ferrín, Celso Emilio Ferreiro, Curros Enríquez, Darío Xoan Cabana, Ramón Cabanillas, Álvaro Cunqueiro o Eduardo Blanco Amor entre otros y en la voz de Suso eran, además de una recuperación cultural una llamada a las conciencias gallegas.

Él será el primer preso político de la democracia. En junio de 1979, llevando a cabo un recital antinuclear se coreó la siguiente estrofa:

‘’Cando me falan de España /
sempre teño unha disputa /
que se España é miña nai /
eu son un fillo de puta".

Se consideró esto como "injurias a la Patria con publicidad". Fue condenado en noviembre de 1980 a seis años y un día de prisión. Ante esta condena opto por exiliarse, recorrió Londres, Alemania, y finalmente se estableció en Caracas. En estos cuatro años fuera de Galicia recibió el apoyo de muchos países, especialmente de artistas portugueses, aunque curiosamente pocos partidos políticos, en realidad ninguno, se interesaron por su situación ya que él no estaba afiliado a ninguno.

En el 84 decide regresar y entregarse, consciente de que el gobierno socialista estaba revisando condenas. Un indulto del gobierno de González lo liberó definitivamente después de pasar 46 días en una cárcel de Orense, en la que más tarde actuaría para sus ex –compañeros.

Moriría 15 años más tarde, sin perder un ápice de esperanza, tan reivincativo y tan humano como algunos le recordamos.

Erguerémola espranza
sobre ista terra escura
coma quen ergue un facho
nunha noite sin lúa.
DERRADEIRA VONTADE DE FUCO BUXÁN

Detrás de cada home
está oubeando un lobo.
Un lobo que te come
e ten comesto ó pobo.
Canto pode sofrirse
telo xa ben sofrido
pro non hai que abatirse
nin darse por vencido.

Canto pode chorarse,
telo xa ben chorado
pro non hai que calarse,
nin sentirse abafado.

Canto pode perderse,
telo xa ben perdido.
Pro non hai que doerse
nin rosmar un laído.

Podes todo ganalo
si despertas e loitas.
Co corazón che falo
galego que me escoitas.

A túa hora é esta:
colle a fouce, meu pobo
ergue a testa, protesta,
e dempóis mata o lobo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

En Mahagonny lo único prohibido es no tener dinero

Bertolt Brecht se describió y descubrió como un poeta y dramaturgo testigo de las falacias, crueldades e injusticias de la sociedad capitalista.
 ’’Soy un autor dramático. Muestro lo que he visto. Y he visto mercados de hombres donde se comercia con el hombre. Esto es lo que yo, autor dramático, muestro''.

Rise and Fall of the city of Mahagonny, concebida por Brecht y el compositor Kurt Weill, es un reflejo de la crisis económica y la división en Alemania generada durante la Republica de Weimar que produjo movimientos de diversa índole y de la fascinación por América de la época..
 Es la puesta en escena de una ciudad utópica creada en medio del desierto en algún lugar de EEUU. Fundada para convertirse en la ''Meca del placer'', dinero, sexo, alcohol, vicio...un reducto en el cual no había control alguno sobre la ciudadanía y donde lo único que estaba prohibido era no tener dinero. 
Mahagonny que significa algo así como tela de araña o ciudad- red, vendría a representar la idea del negocio, hacerse con el dinero de los hombres que venían desde la costa en busca de tranquilidad, sosiego y refugio lejos de las grandes ciudades. Hombres que llegaban atraidos por los bares, las prostitutas, el boxeo…comerciando con el mito de la libertad.
 La razón por la cual se creó la ciudad de Mahagonny es porque ''el mundo está podrido y en la tierra no hay paz ni concordia, no hay nada que tenga solidez ni certeza’’.
Curiosamente el escenario dónde se recrea el paraíso de Mahagonny es ni más ni menos que un vertedero.

Estrenada en el teatro de Leipzig el 9 de marzo de 1930 entre violentas protestas nazis, fue cancelada tras unas cuantas  funciones. Aunque volvió a ser representada al año siguiente tras algunas modificaciones, cuando Hitler alcanzó el poder y toda la maquinaria de la propaganda nazi estaba en su máximo esplendor,  la obra fue prohibida y acusaron a los judíos de primitivos, lascivos, y de promover la provocación por crear obras como ésta

Según el filósofo Theodor Adorno, en Mahagonny se presenta el mundo burgués en un estado moribundo, en su fase crepuscular''.
La obra es sin duda una crítica impactante contra el capitalismo, y su tendencia inevitable hacia la crisis y la recesión, un gran reflejo de la época. 80 años después la obra no ha perdido ápice de actualidad, una vez más tropezamos con la misma piedra.
            En cualquier caso, finalmente Mahagonny acaba convirtiéndose en un caos, Brecht y Weill nos hacen ver que éste paraíso de  libertades al margen del sistema, acaba convirtiéndose también en un sistema cruel y déspota.  El coro final entona un pesimista  ''nadie puede ayudar a nadie'' ya que la injusticia, la desigualdad, la codicia, la corrupción, la miseria de la mente humana es lo que domina el mundo después de todo.